Te echo de menos
esto no va de copia y pega.
Deseo verte y tocarte,
acariciarte suave para que mis dedos no te olviden.
Agradecerte que has vuelto para estar conmigo
y que un beso te cubra sincero.
Quiero versionar tu alma,
para hacer de ella la canción más bonita del mundo.
Porque todo es mucho y poco es nada para ti.
Porque es tan fácil mirarte a los ojos y sentirte cerca.
Que una cálida sonrisa tuya
es mi mejor abrigo este invierno.
Que jamás se te olvide,
que siempre te echo de menos.
Te espero intranquila,
mientras la noche funesta acaricia mis lámparas.
No sé si me olvidas,
ni sé si me alejas.
Suave brisa, tierna y suave
me moja los labios, de agua y azufre.
Respira este viento mío,
tan mío como tuyo.
Sólo quedan un par de segundos para que me abandone,
para que sueñe y me aleje del momento en el que te veo.
Y es que allí a lo lejos, pareces más bello que nunca.
De repente, estoy lista, me abandono,
me pierdo en tus recuerdos,
me sumerjo entre tus sábanas,
y cuando resvala una gota de lluvia sobre mi cara,
me llamas otra vez.
naturally
jueves, 12 de enero de 2017
lunes, 14 de marzo de 2016
Frío y Calor
What are You waiting?
La luz era débil y excitante. Destellos de claridad atisbaban una figura que a lo lejos se reconocía la de una mujer. El ambiente reinaba tranquilo y a la vez pausado, como si el leve suspiro de ella fuera capaz de desarmar el orden y desatar el caos. La aceituna clavada en un palillo de su martini reposaba moribunda cual asesinato cometido sin planificación previa. Igual que sus ojos. Negros. Tan profundos y vacíos.
Él no hacía más que observarla desde la barra. Lo cierto fue que le era conocida su cara; tantas mujeres, tantas vidas recorridas y ahora no era capaz de recordar el momento y el lugar en el que la conoció a ella.
Pero de algo estaba seguro, la conocía.
En un arrebato de seguridad e intriga se acercó hacia ese sillón que abrazaba a la mujer del martini seco. Ella acababa de pedir su quinta copa, cuando un hombre vestido de 50 sombras de Gray tuvo el poco sentido común de sentarse a su lado.
Are You Ready?
-¿Te conozco? -dijo el Christian Gray vestido con una impoluta corbata roja.
-¿Crees que yo te conozco a ti? -respondió ella secamente.
-No lo sé -dijo él.
-Pues lárgate de aquí -replicó ella mientras hacía el amago de beber de su copa, pero ya estaba vacía. ¡Joder!, el puto camarero tardaba demasiado...
Por un segundo, la visión de la situación acogía la sensación de que un hielo gélido y duro cerraba el círculo que estaban creando, que sobretodo ella, quería crear.
El camarero no tardó mucho más en aparecer: dicen que cuando deseas que algo pase con mucha fuerza, finalmente sucede más pronto que tarde. Y así había sido siempre para el tío del whiskey.
Se quedó contemplando el perfil de su cara, la silueta perfecta que marcaba los rasgos de una mujer deseada, de sentirse atraído por ella y de querer sumergirse en los más profundo de sus pensamientos. Conocer su saber, su fuerza, su inteligencia. De simplemente permitirse poder conocerla. Su pelo marrón y ondulado marcaba la complejidad de su mente. La dificultad de su vida se adivinaba en sus labios. Y el cariño sonreía levemente en sus mejillas. Quería correr el telón de su coraza, hacerse sentir deseado por ella.
Entonces el camarero dejó el martini en la mesa con una servilleta roja. Y le pareció que la aceituna le sonreía.
lunes, 23 de noviembre de 2015
1331
Un espacio en blanco, no sé que decirte ni que contarte, ni sé como empezar.
Un año más, un año menos. Empieza el revivir de mis deseos. El anhelo del aroma más inconfundible en el mundo, el olor que se publica en mi mente como el mejor perfume del mundo.
Es curioso ver como pasa el tiempo, ya no es doloroso, sé que te encontraré. El transcurso de la vida es la oportunidad de conocer y desconocer a quién más puedes llegar a querer. Desconocer por el hecho de que un día desaparezca, se esfume, ya no exista. Y será entonces cuando notes un vacío interior que no volverás a llenar.
Ya no lloro, hoy por lo menos, no. No siento que tenga que hacerlo ni que me apetezca. Soy feliz, soy fuerte, y sobretodo soy luchadora. Nada en el mundo me va a impedir conseguir lo que quiero y lograr alcanzar aquéllo que siempre he querido, ¿quién es digno de frenarme? NADIE.
Me cueste lo que me cueste, lograré ser quien yo quiero ser. Y eso en parte, te lo debo a ti.
Ahora mismo siento un nudo en la garganta, de esos que me vienen cuando pienso en ti durante largo rato. De esos que llevo dentro cuando te pienso y no me dejan articular una puta palabra.
Te echo de menos. Y sí, ya lo sabes, siempre lo haré. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Por qué sigo esperando que vuelvas? ¿Por qué no he conseguido olvidarte?
Hoy no es un día especial, solo un día que me recuerda que no estás. Como todos los otros días del año. A estas alturas de la noche, yo no estaba en Valencia, estaba contigo, allá donde quiera que estuvieses. ¡Joder! ¿Por qué no llegaste a leer mi carta?
Recuérdalo siempre, mi corazón late al ritmo de tu batería.
Un año más, un año menos. Empieza el revivir de mis deseos. El anhelo del aroma más inconfundible en el mundo, el olor que se publica en mi mente como el mejor perfume del mundo.
Es curioso ver como pasa el tiempo, ya no es doloroso, sé que te encontraré. El transcurso de la vida es la oportunidad de conocer y desconocer a quién más puedes llegar a querer. Desconocer por el hecho de que un día desaparezca, se esfume, ya no exista. Y será entonces cuando notes un vacío interior que no volverás a llenar.
Ya no lloro, hoy por lo menos, no. No siento que tenga que hacerlo ni que me apetezca. Soy feliz, soy fuerte, y sobretodo soy luchadora. Nada en el mundo me va a impedir conseguir lo que quiero y lograr alcanzar aquéllo que siempre he querido, ¿quién es digno de frenarme? NADIE.
Me cueste lo que me cueste, lograré ser quien yo quiero ser. Y eso en parte, te lo debo a ti.
Ahora mismo siento un nudo en la garganta, de esos que me vienen cuando pienso en ti durante largo rato. De esos que llevo dentro cuando te pienso y no me dejan articular una puta palabra.
Te echo de menos. Y sí, ya lo sabes, siempre lo haré. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Por qué sigo esperando que vuelvas? ¿Por qué no he conseguido olvidarte?
Hoy no es un día especial, solo un día que me recuerda que no estás. Como todos los otros días del año. A estas alturas de la noche, yo no estaba en Valencia, estaba contigo, allá donde quiera que estuvieses. ¡Joder! ¿Por qué no llegaste a leer mi carta?
Recuérdalo siempre, mi corazón late al ritmo de tu batería.
lunes, 9 de noviembre de 2015
La Dicha que Acongoja a los Muertos
Se oye suspirar a media noche. Retumba en los oídos el réquiem de la eternidad.
Mientras dormimos algo se acerca. Es como un silbido lejano e imperceptible, pero se graba en el subconsciente.
Mañana se guardaran los buenos días, se recordarán estas buenas noches. Pasará a nuestra historia "la noche", en la que cambió nuestras vidas.
Como un lejano recuerdo... así comienzan las historias, tan lejanas de un lugar, y tan apartadas de nuestras bocas. Así quedará este momento, así se recordará para algunos pocos.
Huele a cal y humedad, es mezquino, es intenso, es extraño... Las huellas se apoderan de las pisadas y retroceden lo desandado, es el comienzo del fin. De un mundo ya creado. De un cambio radical y distinto, inesperado.
Algo pasa, de repente todo tiembla, parece que la naturaleza escapa rápido de su silencio y grita algo que llevaba guardado desde hace mucho tiempo. El viento huracanado se mezcla con la lluvia, la tierra se estremece y vibra, aumenta su temperatura, coge poco a poco más fuerza, y quema.
La física escapa de nuestro control, ¿podría ser que, ese ser perfecto,, inteligente, experto, sabio y humano no sea capaz de dar nombre a lo que ocurre? ¿sería eso posible?
Ahora, el silencio cubre la ciudad, el polvo enmudece a los muertos. Su dicha alcanza el cenit de la eternidad y del placer. Mientras el atardecer se ciñe a lo lejos para dejar una puesta de Sol insólita, inolvidable. Tan sólo queda una cosa, un último sentido a la existencia, quizás sea absurdo, tal vez mezquino... Pero así es, el mundo necesita salvarse.
viernes, 15 de abril de 2011
buenas noches
despierta mañana contenta,
la vida no siempre nos da.
algunos la llaman sumisa,
<mi reina> su madre dirá.
tiene dulzura tan simple,
en el correr y en el andar
y en el pensar.
mas sus cabellos son tibios,
oscuros por la noche tornarán.
no hay persona tan bella,
tan cauta y preciosa a la vez.
tan rara, tan libre... la mezcla
de sueños que hoy quiero ver.
se podría llamar roberta
o se podría llamar sol,
se podria llamar como fuera,
pero en sus ojos veo hoy...
los giros de una niña,
que hoy sabe vivir.
los gestos de una joven,
que empieza a sonreír.
no sé que fuera de la vida sin ella,
sin la presencia tan grande de esta flor.
los dias quizás se tornasen negros...
ocasionalmente se iría el sol.
deshecho los versos que me quedan
te los regalo esta noche para decirte adios.
que tengas buenos sueños y recuerda,
que para cuidarte, estoy yo.
Berry
viernes, 4 de febrero de 2011
sinestesia
mi intención era llegar mucho más allá de lo que sabía, mucho más allá de mis conocimientos y de mis propósitos, mucho más allá de mi vida, y mucho más allá de mi muerte.
mucho más allá de este enorme mundo que nos rodea y nos intenta día a día explicar nuestra función en la tierra.
mucho más allá de esos sueños que nos mantienen vivos y nos dan una razón por la que poder luchar.
mucho más allá de esos sentimientos que nos pueden llegar a hacer sentir tan importantes y tan mezquinos a la vez.
mucho más allá de las fronteras que separan unas ciudad de otras y que tan solo algunas personas son capaces de superar.
mucho más allá de las nuevas tecnologías y de todos los descubrimientos.
mucho más allá de todos los mares y océanos, y de todas las montañas y ríos.
mucho más allá, se encuentra mi vida.
apartada en una lejana orilla,
el alma se encuentra sin pensar.
viendo como el agua fluye,
y al mar ya va a parar.
desechando la poca vida que posee,
y navegando entre el viento sin notar,
que hace tiempo estuvo,
en otro lado para amar.
que hizo pensar y luchar,
que hizo correr y fluir,
que hizo notar y saltar,
que hizo soñar y morir.
entonces ya fue tarde,
para poderse remediar.
ahora es temprano,
para mirar por donde vas.
dicen que para todo,
el tiempo arreglará,
pero yo no me lo creo,
no pienso en la eternidad.
poco a poco se va su vida,
poco a poco va hacia el mar.
desde esa lejana orilla,
que le hizo recordar.
Anónimo 093
sábado, 25 de diciembre de 2010
la magia se la lleva el viento
esta historia pensaba enseñártela cuando llegase el invierno. a pesar de tus réplicas y de lo mucho que te empeñaste en que la querías leer, yo no te dejé:
-tienes que leerla en navidad, sino pierde su magia. no puedes leer una historia de nochebuena en pleno mes de agosto -le decía yo.
-va enséñamelo, sabes que si no me lo enseñas ahora se te olvidará. y yo la quiero leer -insistía.
-no se me olvidará. cuando llegue navidad subiré un día y te la enseñaré, te lo juro -le contesté.
lo juré, y lo volvería a jurar. tan solo espero que ahora al que no se le haya olvidado sea a ti.
miraba por la ventana y no paraba de nevar, debía de hacer mucho frío allá afuera. toda la familia estaba reunida en aquella gran mesa; comiendo todo tipo de exquisiteces. oí que me llamaban desde la cocina, me acerqué hacía allí y contemple el gran desbarajuste que se ofrecía. mi madre se dio la vuelta y enseguida que me vio, me dijo: "corre Marina, ven y ayúdanos un poquito anda, que mira que liadas que estamos". me acerqué a mi tía Luisa que estaba en la mesa pelando cebollas, me sorprendió mucho, porque justamente el día de Nochebuena, un día tan especial, para estar en familia o con amigos y estar haciendo una gran fiesta por todo lo alto en las casas, y mi tía llorando. le pregunté que le sucedía, por que lloraba. inmediatamente ella se puso a reír, no entendí por que, y pregunté que es lo que pasaba. y me contó que no estaba llorando porque quería, era porque estaba pelando cebollas, entonces lo entendí todo y a mi también me causo bastante gracia. de repente apareció mi padre, comentando que acababan de llamar unos niños a la puerta, pero no eran unos niños cualquiera, eran niños que tenían frío y mucha hambre, no entendí por que no estaban con sus familias, ya que era Nochebuena, la fiesta que todos celebran con familia o amigos. entonces creí que mi padre les había dejado entrar a pasar la noche con nosotros, porque ciertamente yo opinaba que nadie en el mundo debe de pasar frío y mucho menos hambre ¡y menos en tal señalado día!
me sorprendí muchísimo cuando dijo que no los había dejado pasar. tenía muchas dudas en la cabeza, lo cierto es que no entendía nada de lo que estaba sucediendo. pero de todas formas, una gran duda entre el resto me asaltaba en la cabeza ¿por qué? ¿por qué no les había dejado pasar? los niños tenían derecho a vivir la Navidad como todo el resto de personas en el mundo, ¿o no? salí corriendo de la cocina y me dirigí hacía la puerta de entrada, la abrí fuertemente y un viento frío y seco atravesó el umbral hasta caer encima mío, cerré los ojos y salí al primer escalón, la nieve se colaba por mis calcetines y hacía muchísimo frío, razón aún de más para dejarles entrar. les busqué por todas partes y no los encontré. exceptuando en una pequeña caja de cartón por donde afortunadamente salían unos pies con unos zapatos negros y desgastados, fui corriendo hacía allí y destapé cuidadosamente la pequeña tapa que les cubría de tal intemperie. vi una niña muy pequeña, de pelo color zanahoria, y un niño con un gorro de lana y el pelo rubio como unos preciosos filamentos de oro. sus ojos no mostraban la misma felicidad que la del resto de niños de mi escuela, mostraban tristeza y soledad, mucha soledad. les dije que me acompañaran, que en mi casa cabían dos personas más y a fin de cuentas, siempre acaba sobrando muchísima comida en este día, opinaba que una persona que todos los días come bien y normal, no solo por el mero hecho de que sea Nochebuena su panza se va a agrandar más para que quepan más cosas. anduvimos sin decir ni una sola palabra, solamente cuando llegamos al recibidor de mi casa y yo cerrara la puerta, me volví para conducirles al comedor y el niño se quedo quieto observándome, solo me pronunció una simple palabra, simple pero preciosa:
-gracias.
fue esa noche, cuando me di cuenta que para muchos niños en el mundo no existe la felicidad y mucho menos la navidad.
Myriam S.
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